Hay algo que las ganas se traen de entre las manos de quienes las poseen, y se avientan al primer vidrio rompiéndolo en un grito todavía más ficticio. Las ganas se aceleran a velocidades cuantificables pero nadie nunca tiene tiempo de medirlas. Las ganas socavan toda ilusión de quien las posee, las ganas son la maldita luz que nos desenfoca la voluntad, son pura habladuría escorada por aceptación social, son un invento desmedido del instinto que nos agita la cabeza de manera tribalmente incitante. Dancemos alrededor de las ganas mientras siga corriendo.
Si de algo hay verdadero en las ganas es que son la esencia misma del atrapado.
